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Reflexiones mes de mayo día 18

Día 18º Toma contigo al niño y a su madre (Mt 2, 13) Herodes se enteró por los magos que había nacido el Mesías. Unos días después el que era esperado como «Príncipe de la Paz» despierta los celos de un reyezuelo llamado Herodes que enciende una espiral de violencia por decreto ordenando «Matad a todos los niños menores de dos años en Belén». Y María lo sabe; y ve como todas las madres lloran la injusticia de esa violencia y ha de apresurarse a huir hacia Egipto. Ante el misterio del mal en el mundo: Hágase en mi según tu palabra» Aquí José tampoco dice nada, se limita a cumplir lo que Dios le dice, levántate, vete, huye a Egipto. Era un largo y penoso camino, pero tenían que proteger la vida del niño, pues Herodes no podía dormir tranquilo mientras no matase al Niño. Y unos días después, el que era esperado como el "Príncipe de la Paz" despierta los celos de un reyezuelo llamado Herodes que enciende una espiral de violencia por decreto: "Matad a todos los niños menores de dos años nacidos en Belén". Y María lo sabe; y ve como todas las madres lloran la injusticia de esta violencia. Y ha de huir a Egipto. Ante el misterio del mal en el mundo, "hágase en mi según tu palabra". Desde la más tierna infancia Jesús conoce lo que es la emigra­ción. Nada más nacer ya le buscan para matarlo y han de huir a un país extranjero como fugitivos. José y María que ya se vieron obligados a abandonar su pueblo, ahora han de salir del país, dejando familia, trabajo... Y se van a Egipto de donde Moisés sacara a los hebreos camino de la tierra prometida. Es una expatriación forzosa, tienen que atravesar la frontera en busca de asilo político. Dejan atrás la tierra de Canaán y delante tienen las primeras arenas de los faraones. Ignora­mos las condiciones de vida en este país, pero supone­mos que las dificulta­des fueron muchas, buscar lugar donde vivir, trabajo para poder mantener una familia, descono­cimiento de la lengua... El evangelio no dedica una sola línea a aquel momento dramáti­co. Aquella foto de grupo, que Mateo no disparó sobre la raya aduanera, pero que conservamos en el álbum de nuestra mejor imaginación, es un icono de sugerencias incomparables para todos nosotros. Acepta la huida a Egipto como un exiliado de nuestro tiempo, lejos de su tierra, de su familia y de sus seres queridos. No sabemos si siguiendo a Juan tuvo que pasar de nuevo las fronteras. Según algunos, cerró sus ojos en la ciudad de Éfeso, es decir en el extranjero. Unos años después pueden regresar de nuevo a su país pero por seguridad se dirigen a Nazaret que en tiempos bíblicos era una aldea insignificante que albergaba un puñado de agricultores. Pero allí habían dejado su casa, su familia y su trabajo. Impresio­naba constatar que Jesús creciera rodeado de tanta pobreza. Curtido por la austeri­dad aquel sublime apóstol del amor, supo mucho de privacio­nes y renuncias.

Dios te salve María… Oración: ¡Oh María Madre de Dios y madre nuestra, enséñanos a aceptar la voluntad de Dios con la firmeza que manifestaste en la huida forzosa y precipitada a un país extranjero. Sé nuestra compañe­ra de camino. Te pedimos por los que se sienten y caminan solos, por los que luchan en la vida sin tener una mano amiga cerca. Por eso te pedimos que camines con nosotros para marcar el paso con decisión y así podamos llegar a Jesús! Amén.

18º Huída a Egipto opt

Reflexiones mes de mayo día 17

Día 17ºSimeón dijo a María, su madre… una espada atravesará tu alma (Lc 2, 34-35) A los 40 días del nacimiento como era costumbre fueron al templo de Jerusalén, ya que la ley de Moisés mandaba que el primer hijo de una madre judía, si era varón había que consagrarlo al Señor. Como buenos judíos se disponen a cumplir la ley presentan­do el Niño en el Templo. Allí había siempre mucha gente por lo que no llamaron la atención. Eran una familia más de las muchas que habían ido allí para cumplir lo que mandaba la ley. Y allí estaba un anciano llamado Simeón, que había esperado este día durante largos años y al verlos se alegró y los bendijo; tomo al Niño en brazos y dijo: «ahora Señor puedes dejar a tu siervo morir en paz porque mis ojos han visto tu salvación». María y José no salían de su asombro ante las cosas maravillo­sas que todos decían de su Hijo. Primero fueron los pastores, después la gente de Belén, más tarde los magos de oriente y ahora en Jerusalén, personas respetables como Simeón o la profetisa Ana, que veían que Dios y los pobres tenían puestas muchas esperanzas en aquel hijo suyo. Pero no todo son alegrías, Simeón dirigién­dose a María le dice que una espada de dolor la atrave­sará, a ella sola, de José no dice nada. María no contempló el dolor desde lejos. Con el niño en brazos en el Templo, el anciano Simeón profetizó que viviría toda su vida como si una espada le traspasara el corazón. Y años después María también en el templo se dirige a Jesús diciéndole que le buscaba con angustia. Angustia y espada. La palabra profética del anciano Simeón, lleno del Espíritu divino, Cristo signo de contradicción y víctima expiato­ria del Padre, es también la espada de dolor compartido que hiere el corazón de la Madre. Cristo luz para iluminar a los hombres pero en medio de la incomprensión y del dolor. María debe compartir la suerte de su Hijo, sus inquietudes y sus penalidades. Los caminos del Hijo marcarán la trayectoria y rumbo de la vida de la Madre según el Evangelio. Un solo amor y un mismo dolor unen a la Madre y al Hijo. La Presentación es el cumplimiento de la ley de Moisés por la que la Madre consagra a Dios su primogénito. Por esta consa­gración Madre e Hijo hacen pública la opción radical de su vida, pertenecer en exclusiva al Señor. Esta consagración conjunta mantendrá indisolu­blemente unidos para siempre a la Madre y al Hijo en el mismo amor. Este amor consagrado tiene un precio: la comunión en el dolor. Dos imágenes complemen­tan esta unión en el dolor: Cristo como una bandera discutida y María como una espada que le atraviesa el alma. Como trasfon­do de estas imágenes: la crucifixión con María al pie de la Cruz. María experimenta el desconcierto propio de las personas que no conocen, que no pueden entender todo, pero conservaba en su interior el recuerdo de todos los acontecimientos que vivía. Es entonces cuando Simeón anuncia que el Hijo será signo de contradicción. El saludo de Simeón a María es como un anticipo de la cruz de tristes presagios, adquiere intensidad cuando el Niño perdido y buscado con dolor por sus padres que lo hallaron en el templo ocupado en las cosas que pertenecían a su Padre y no entendieron la respuesta.

Dios te salve, María… Oración: ¡María Madre de Dios y madre nuestra, enséñanos a aceptar la voluntad de Dios con la entereza que manifestaste en el Templo. Aunque a veces nos olvidemos de ti queda en nosotros el rescoldo de tu amor. Tu que conoces los caminos que llevan a Dios, ayúdanos a encontrar el verdadero y que tu fortaleza ayude nuestra flaqueza! Amén.

17º Simeón dijo a su Madre opt

Reflexiones mes de mayo día 16

Día 16º Vieron al Niño con María su madre (Mt 2, 11) Salió un decreto del emperador romano ordenando hacer un censo de todos los habitantes del Imperio. Era costumbre inscribirse en el lugar de donde provenía su familia. Cumplen las leyes impues­tas por Roma e inician el camino hasta Belén. José y María se ponen en camino. Desde Nazaret hasta las montañas de Judea donde se halla Belén hay más de 150 km. de distancia, los caminos eran malos y peligrosos, por eso acostum­braban a ir en grupos para proteger­se y ayudarse en caso de necesi­dad. El recorrido se hacía a pie o en burro. Gran movi­miento de gentes, cada uno va a su ciudad de origen. Al llegar a Belén el Niño estaba a punto de nacer y era preciso buscar alojamien­to, pero una a una todas las puertas se cierran, nadie quiere complicarse la vida. Como eran de condición pobre, optan por refugiarse en una cueva en las afueras de la ciudad, lejos del ruido y del bullicio, sin más testigos que el amor de un esposo y un par de animales. Un admirable y maravilloso misterio, ante el cual sólo cabe el silencio de la fe y la contem­plación creyente de María que conserva todas estas cosas meditándolas en su corazón, para asimilar la sabiduría de Dios que transforma el corazón. Los pastores regresaron y ella vuelve a quedar sola con su esposo que tampoco entiende nada y con su hijo. María calla y observa sin entender nada. Presenta a su hijo a los primeros que habían ido a adorarle, lo enseña llena de alegría, quiere compartirlo. Un admirable y maravilloso misterio, ante el cual sólo cabe el silencio de la fe y la contem­plación creyente de María que conserva todas estas cosas meditándolas en su corazón, para asimilar la sabiduría de Dios que transforma el corazón. Los pastores regresaron y ella vuelve a quedar sola con su esposo que tampoco entiende nada y con su hijo. Seguramente cuando los pastores de Belén fueron en busca del Mesías y los magos avisados y guiados por la estrella, encontraron a una joven pareja que aún no habían salido de su asombro, al contemplar el gran milagro de la vida. María y José fueron los primeros en ver la luz y la fragilidad de un niño que les han anunciado que será grande y también es Dios. María ante lo asom­broso del acontecimiento abrazó con cuidado y ternura al hijo recién nacido. 

Dios te salve, María…  Oración: ¡María Madre de Dios y madre nuestra, enséñanos a aceptar la voluntad de Dios con la ternura que manifestaste en Belén. Que te sintamos cerca de nosotros dándonos cada día tu beso de amor. Te queremos cerca en los momentos difíciles, que no nos falte tu comprensión, tu ayuda y tu aliento maternal que estimule nuestro caminar! Amén.

16º Vieron al niño con su madre opt

Reflexiones mes de mayo día 15

Día 15º Dio a luz a su Hijo primogénito (Lc 2, 7) El hecho más trascendental de la historia de la humani­dad no tuvo lugar en una de las grandes ciudades de la época, ni en un gran palacio, ni fue presenciado por grandes persona­jes. El Hijo de Dios vino al mundo precisamente en un momento en el que el pueblo de Israel, el elegido, se encuentra sometido por el Imperio romano. Belén es una ciudad en el que sus habitantes se dedicaban al pastoreo y a la agricultura. El Antiguo Testa­mento lo cita ya con motivo de la muerte de Raquel, la esposa predilecta de Jacob. Le da el nombre de Efratá. Pero su fama se debió sobre todo, a ser la patria del rey David. María calla y observa sin entender nada. Los patriarcas habían expiado su llegada desde siglos remotos. Los profetas con vaticinios desbordantes de misterio, habían diseñado su rostro. Y Dios cumplió su palabra revelando su amor desbordante. Todos esperaban su nacimiento en un palacio, anunciado por medio de trompetas, pero nadie se enteró. Los ángeles tuvieron que desplazar­se desde el cielo para anunciarlo a unos humildes pastores que guardaban sus rebaños. Se vuelve a oír lo mismo que en la Anunciación: «No temáis, no os asustéis, os anuncio una gran alegría, os ha nacido el Salvador». Fueron a toda prisa y encontraron a María, José y al Niño acostado en un pesebre. Era preciso correr para poder contemplar aquel aconte­cimiento. En la noche oscura de Belén se acercó el acontecimiento tan esperado para María y José. María sabiendo que era el cumplimiento de la palabra anunciada, estaría preocupada por dar un lugar digno al Dios que se hace niño. Pero los caminos de María se vuelven a truncar y se ven trastocados por la mano amorosa de Dios. Dios no quiere nacer en un palacio, ni siquiera en una posada, ni aún en su propia casa de Nazaret. Quiere hacerse presente igualándose a los pobres del mundo. Y allí dio a luz a su hijo. Llega el día del nacimiento de quien le habían dicho que sería «Grande», «Hijo del Altísimo», «heredero del trono de David» y la realidad no ofrece ningún signo de todo ello. Ni siquiera una cuna como los demás niños. «No hubo lugar en la posada». Lo que María ve, no cuadra ni con lo que le había dicho el ángel ni con lo que le habían enseñado en la sinagoga referente a la llegada del Mesías. Ante la duda, «hágase en mí según tu palabra» Y lo reclinó en un pesebre. En el pesebre, envuelto en pañales el pan vivo bajado del cielo. En la noche del rechazo María usó el pesebre como el cestillo de una mesa, como queriendo antici­par, con aquel gesto profético, la invitación que Jesús, la noche de la traición dirigirá al mundo entero: tomad y comed todos porque esto es mi cuerpo que se ofrece en sacrificio por vosotros. Presenta a su hijo a los primeros que habían ido a adorarle, lo enseña llena de alegría, quiere compartirlo. Dios te salve María… Oración: ¡Oh María Madre de Dios y madre nuestra, enséñanos a aceptar la voluntad de Dios con la ternura que manifestaste en Belén. Que te sintamos cerca de nosotros dándonos cada día tu beso de amor. Te queremos cerca en los momentos difíciles, que no nos falte tu comprensión, tu ayuda y tu aliento maternal que estimule nuestro caminar! Amén.

15º Dio a luz a su Hijo primogénito opt

Reflexiones mes de mayo día 14

Día 14º Él hace proezas con su brazo: dispersa… derriba… enaltece… colma de bienes… despide vacíos (Lc 1, 51-53) María no lo sabe, pero la espada anunciada por el anciano Simeón se estaría afilando para ser clavada en su corazón. Suponemos que está también en Getse­ma­ní y esperan­do fuera durante la celebra­ción del juicio, porque quizá por su condición de mujer no la dejaban entrar. Segura­mente se pasó toda la noche sin dormir. Ve como Judas lo vende, Pedro lo niega, Pilato lo condena y el pueblo grita que le crucifiquen. Poco a poco sin quererlo, María iba sufriendo lo anuncia­do por Simeón. Mira: este está puesto para que muchos en Israel caigan o se levanten, será una bandera discutida, mientras que a ti una espada te traspasará el alma; así quedará patente lo que todos piensan. María iba descubriendo con certeza que las palabras del anciano se iban haciendo realidad y cumplimiento sin desearlo. Espina a espina su corazón se vería coronado por el dolor. A la mañana siguiente le sigue camino del Calvario y ve como le pegan, insultan y escupen, se ríen de él y ella no dice nada, sufre en silencio. Pero por la Vía Dolorosa si iba, y veía como su Hijo se desangraba. Presente sin llamar la atención y sin protagonis­mos. Vive con intenso dolor cada uno de los momentos finales de la vida de su Hijo y no puede hacer nada para impedirlo, ni siquiera puede estar a su lado, para limpiarle la sangre de las heridas, se tiene que conformar con seguirle de lejos. Aquí sí que experimenta una profunda soledad. María comienza el recorrido por la Vía Dolorosa. Imagina­mos a Jesús escarneci­do por los soldados, mientras él marchaba soportan­do el travesaño de lo que iba a ser su cruz. Mientras recorría la calle recorda­mos la escena del cirineo afortunado al ayudar a Jesús, y allí comenzaron propia­mente la subida hacia el Calvario, testigo mudo de la crucifi­xión. Unos metros más de recorrido conducen al escenario de que nos habla San Juan donde murió crucificado un judío llamado Jesús de Nazaret, un año en el que el día 14 del mes de Nisán, es decir el día en que se celebraba la pascua judía cayó en viernes, siendo Tiberio emperador de Roma, Poncio Pilato procurador en Judea y Caifás sumo sacerdote del templo de Jerusalén. En el camino largo y duro de la muerte, su mirada llena de lágrimas de dolor se cruzó con la de su hijo. Contempla a su hijo roto, con sus pies cansados, sus rodillas ensangrentadas por las caídas ante el peso de la cruz. Su rostro desencajado por el dolor y cansado de no dormir. Sus manos sujetando con firmeza el madero del suplicio que se convertiría en madero de salva­ción. Sus ropas desgarradas y sucias, su cabeza coronada por el espino hacía fluir sangre de su frente. El camino se hace cada vez más duro, el camino hacia el Calvario se hacía más empinado y resultaba más fácil dejarse caer hacia la ciudad de Jerusalén, que dar un paso más para que se cumpliera el proyecto que el Padre tenía con Jesús y María. Pero había que seguir y llegar hasta el monte, para que el sacrificio nos diera nueva vida.Dios te salve María… Oración: ¡María Madre de Dios y madre nuestra, enséñanos a aceptar la voluntad de Dios en el empinado camino hacia el Calvario. Tu vida silenciosa fue una ofrenda de amor, haz que te sintamos cerca cuando las cosas no nos van bien, necesitamos el latir de tu corazón, para que el nuestro se contagie de tu amor ardiente. Tú que experimentaste como Cristo en la cruz, el silencio de Dios, no te alejes de nuestro lado en la hora de la prueba. Cuando también el sol se eclipsa para nosotros, cuando el cielo no responde a nuestro grito, quédate a nuestro lado y no dudes en romper tu silencio para decirnos palabras de amor. Que afrontemos las dificulta­des con optimismo y así la luz aparecerá detrás de las tinieblas de la noche! Amén.

14º Colma de bienes a los pobres opt

Reflexiones mes de mayo día 13

Día 13º Desde ahora me felicitarán todas las generaciones (Lc 1, 48) ¡Qué gran profecía hiciste, María! Todas las generaciones me llamarán bienaventurada. Tú, la esclava del Señor, eres la mujer más famosa de todos los siglos. Todas las gentes te felicitan y te dicen: feliz, dichosa, bienaventurada Virgen María… En ti se cumplieron esas palabras de tu Hijo con toda precisión: El que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado. Tú, María, eres felicitada porque quisiste ser rebajada. Eres la primera bienaventurada del Evangelio. Tu Hijo Jesús un día, rodeado por sus discípulos y por una multitud, estableció quienes merecían el título de bienaventurados en su Reino y quiénes lo poseerían. Entre ellos, en primer lugar, estabas tú la bendita por todas las generaciones. Para Él se debían tener por felices los pobres, los sencillos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los de corazón limpio, los pacíficos, los perseguidos por ser buenos. A ti, María, se te pueden aplicar todas y cada una de estas bienaventuranzas. ¿Se fijaría en ti, Jesús para pronunciar estas palabras memorables? Jesús no se inventó las bienaventuranzas, ya estaban ahí cuando Él nació. Él las vio en ti, María, las aprendió de ti y las vivió contigo. Luego a sus discípulos, tardos en comprender, se las explicó de ocho formas diversas para que las entendieran y sobre todo para que las vivieran y así fueran felices. Él enseñó el camino de la felicidad de ocho formas distintas, fijándose en ti, María que las viviste todas en una. Jesús sabía que las personas para hacer algo, no sólo necesitamos palabras que nos muevan, sino sobre todo ejemplos que nos arrastren. Y tú, María eras el mejor ejemplo que podía darnos para caminar por la senda de la felicidad que Él nos propone a todos los hombres.

Dios te salva, María… Oración: Que tus hijos veamos en ti y aprendamos de ti viviendo contigo las bienaventuranzas del Reino que tu Hijo Jesús un día proclamó. 

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Reflexiones mes de mayo día 12

Día 12º Dios ha mirado la humildad de su esclava (Lc 1, 48) Eres sorprendente, María. Te alegras y además felicitas a Dios porque ha mirado tu “nada”, porque se ha fijado en lo que no eres, no tienes, no vales… ¡Eres increíble! Nadie, que no seas tú, hace esto. Todas las personas hacemos lo contrario: destacamos nuestros logros, ponemos bien a la vista lo buenos que somos, presentamos todo lo que tenemos… Tú, en cambio, María, no. Tú sacas a relucir lo que te falta. ¿Por qué? ¿Por qué, María, tú vas contracorriente? ¿Por qué le presentas a Dios tu pequeñez y no tu grandeza? Ya sé… Porque a Dios le gusta esto. Y tú siempre haces su voluntad. Dios no aguanta al orgulloso, al prepotente, al soberbio, al engreído, al arrogante… rehúye al que se cree superior, al que se tiene por más que nadie, al que mira por encima del hombro. A Dios le agrada lo pequeño, para grande ya está Él. Dios no se fija en el fuerte, en el valiente, en el poderoso… porque cuando se lo creen, son una burla grotesca para Él. No es que Dios tenga miedo del hombre y de sus logros. O que le de envidia de sus criaturas. Dios está por encima de todo eso. El problema está en que cuando una persona se “endiosa” hace la vida imposible a los demás y se destruye ella. María, tú si que tenías motivos para “endiosarte”, como nadie ha tenido, pero no lo hiciste nunca. Es más, las pocas veces que hablas de ti, siempre lo haces dándote el nombre de “esclava”. No quieres ser, para Dios y para los hombres, otra cosa que una pequeña servidora suya. Eres muy consciente de que todo lo que tienes lo has recibido y de que nada de lo que has recibido es solo para ti. Tú, María, te alegraste no tanto por ser la Madre de Dios cuanto por ser su esclava. Tú te gozaste no en tu grandeza y majestad, sino en tu pequeñez y humildad. Tú le presentaste a Dios no lo que eras, sino lo que te faltaba.

Dios te salve, María... Oración: Santa María enseña a tus hijos a parecerse a ti en humildad y servicio, a sentirse felices de que Dios vea su humildad y pobreza.

13º Desde ahora me felicitarán todas las generaciones opt

IV Domingo de Pascua

Hoy contemplamos la figura de Jesús resucitado bajo la imagen del Buen Pastor. Tres características resaltan su figura: El sentido de propiedad. Frente al asalariado a quien sólo le interesa el dinero, el pastor bueno es además "amo". Ello origina un cambio de actitud ante el peligro. El asalariado huye ante el lobo, el amo se enfrenta a él para defender a sus ovejas. Esa audacia de su pastor es la que da seguridad y paz a las ovejas. Su mirada, su palabra, su cayado, sosiegan. Especial relación de conocimiento mutuo. La comparación que pone Jesús es significativa. No puede haber conocimiento más perfecto ni exhaustivo que el que existe entre el Padre y el Hijo. Significado por el rebaño. Él dedica al rebaño su propia existencia. Vive para cada oveja las 24 horas del día y voluntariamente entrega su vida, se deja matar para que las ovejas vivan. Es la propia interpretación del drama de la Cruz. A las ovejas no les exige nada a cambio, solamente que vivan. Los lobos son la gran amenaza para las ovejas. No resulta difícil comprobar la existencia de lobos en nuestro mundo. Crean inseguridad, miedo y violencia. En este ambiente necesitamos a Alguien que nos infunda seguridad. El Buen Pastor me conoce personalmente y me llama por mi nombre. Me acompaña, me da seguridad. Ante el peligro no huye, se arriesga, porque ha recibido un mandato del Padre: No perder a ninguna. Sacrifica su propia vida por salvar la de la oveja.

cuartodomingodepascua opt

Reflexiones mes de mayo día 11

Día 11º Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador (Lc 1, 47) Se alegra mi espíritu… dices tú. Dios es causa de nuestra alegría. Lo es para ti, María y lo es para mí. La alegría no está reñida con el sacrificio, ni con el sufrimiento, ni con el dolor. La alegría es enemiga del egoísmo, de la mentira, de la injusticia…; pero no del dolor. Éste puede hacernos llorar, pero no ponernos tristes ni quitarnos la felicidad. Tú, María, como nadie, esto lo sabes bien. Tu vida no fue fácil en ningún sentido, pero no fue triste. Sacrificios, privaciones, penalidades, muerte… fueron compañeros próximos en tu vivir, pero n pudieron quitarte el gozo de Dios. Tu alegría, María, está sólo en Dios. Nosotros, tus hijos, no podemos decir lo mismo, o por lo menos no del mismo modo como tú lo dices. Dios es causa de relativa alegría para nosotros. Nos hace felices, pero no del todo. Nos hace felices, pero no siempre. Nos hace felices, pero sólo en algunos aspectos. Su felicidad en nosotros, no es total, plena, absoluta. Siempre estamos insatisfechos, deseando más. A ti, María, por el contrario esto no te pasaba. ¿Por qué, María, Dios era para ti la única causa de alegría? ¿Por qué nosotros no terminamos de encontrar la felicidad e Dios? ¿Qué hay en ti y en nosotros que nos hace ser distintamente felices? Para nosotros Dios es también Salvador, pero hay una gran diferencia con respecto a ti, María. Nosotros esto lo sabemos, lo decimos y cuando lo vivimos de verdad, entonces somos felices. Pero, desgraciadamente la mayor parte del tiempo no sabemos sentirnos queridos ni sabemos vivir la salvación de Dios.

Dios te salva María...

11º Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador opt

Reflexiones mes de mayo día 10

Día 10º Proclama mi alma la grandeza del Señor (Lc 1, 46) Proclama mi alma la grandeza del Señor. Con estas palabras llenas de alegría, comienza este canto tuyo tan hermoso, María. Quieres en él, no sólo darle gracias a Dios, sino que el mundo entero reconozca lo que Él hizo por todos, a través de tu persona. Tú has visto como la misericordia de Dios se extendía de generación en generación… como dispersaba a los soberbios y recogía en sus brazos a los humildes… como desbarataba los planes de los arrogantes y elevaba a los sencillos… como los hambrientos tenían para comer, mientras los ricos se quedaban sin nada. Ya desde niña, en la historia de tu pueblo Israel, aprendiste cómo Dios desde el Padre Abrahán en adelante, ha cumplido siempre sus promesas y tú eres el ejemplo más claro, cercano y concreto. Estas palabras de tu hermoso canto, las vemos dichas por Ana, la madre de Samuel, el juez profeta. También en sus ideas generales las encontramos en todos los profetas y en los cantos de tu pueblo, los Salmos. Pero sobre todo estas palabras son tuyas, María porque tú recoges lo mejor de tu pueblo y en ti se cumplen todas sus promesas y deseos.

Dios te salve, María… Oración: Santa María, que todos tus hijos, sintamos como nuestra tu alabanza a Dios y que sepamos cantarla contigo y con todo tu pueblo por siempre.

10º proclama mi alma la grandeza de Dios opt

Reflexiones mes de mayo día 9

Día 9º Yo soy la servidora del Señor (Lc 1, 38) Dentro de la austeridad de datos que nos transmiten los Evangelios acerca de lo que María dice de sí misma llama la atención que en dos veces nos dice que ella es "la esclava del Señor". Esta palabra "esclava", tiene por tanto, mucha importancia en el corazón de María respecto de la conciencia de si misma. El esclavo sabe que su persona ha sido invadida por otro; ha sido ocupada robándole sus derechos. Consecuencia de esta expropiación es su conciencia de pertenencia. No se posee a sí mismo sino que es poseído. Su ser estar disponible para la libertad de su amo. Conciencia de dependencia. El esclavo no tiene bienes propios; no dispone de sí mismo; su vida depende del amo. En su alimentación, en su trabajo... Romper esa dependencia es encontrarse solo y sin medios para subsistir. Conciencia de entrega. Su vida es obedecer. Ciegamente. En ello va su vida. Hasta aquí sería el concepto de esclavo forzoso. ¿Podría darse el esclavo voluntario? San Pablo nos presenta a Cristo nos describe a Cristo como el que "se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo" (Filp 2,7). María también opta por ser la esclava del Señor. Libre y voluntariamente. Ello nos da el perfil de la conciencia que tiene María de sí misma. María expropiada. Ha abierto las puertas de su corazón para que Dios la ocupe plenamente. Llena de gracia. Le ha cedido sus derechos. Su afectividad, su tiempo, su cuerpo, todo cedido a su Amo y Señor. Le pertenece. María dependiente. Cuando la expropiación es forzosa se tiene miedo; cuando es voluntaria se tiene confianza. Uno se sabe en buenas manos. No hay miedo al futuro ni temor al presente. El Amo cuidará de ella. Se siente feliz en esa dependencia. María entregada. Su palabra es servir. Su ideal es estar disponible a la voluntad del Amo. Esta forma de vida engendra un tipo de personalidad. Como a Jesús, a quien "Dios lo levantó y le concedió el título que sobrepasa todo título", así también en María "Dios hizo maravillas... y todas las generaciones me recordarán como mujer feliz". Al final de este proceso nos encontramos otra vez con la lógica nueva de Dios: la esclavitud como forma de libertad. Yo soy la servidora del Señor ¿por qué me preguntas mi opinión parece decirle al ángel Gabriel en el momento de la anunciación. Yo soy una servidora y a los servidores el amo no les pide su opinión, simplemente él les manda y ellos obedecen. Yo soy la servidora del Señor; adónde me mande, iré; lo que quiera, lo haré; lo que desee de mí, lo seré. Respuesta grande y comprometida esta que diste, María a Dios. Hoy cuando miramos en perspectiva tu vida, María, solemos pensar: ¡Qué suerte tuviste… Dios te hizo su Madre y desde entonces todas las generaciones te llaman bienaventurada. Eres la mujer más famosa de la historia! Pero antes de este final, aguantaste mucho, sufriste mucho, lloraste mucho… en Belén y en Nazaret, en Egipto y en Jerusalén. De la cuna al Calvario. Todo fue resultado de esas palabras: Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí según tu Palabra.

Dios te salve María… Oración: Santa María, la Servidora, ayúdanos a ponernos al servicio de Dios enteramente, totalmente, plenamente, como hiciste tú, para que haga con nosotros obras grandes en favor de los que le aman. María, sé que estas palabras tuyas, quizá las más importantes que pronunciaste en tu vida, sin obligarme, me invitan a decir lo mismo a Dios.

9º He aquí la esclava del Señor opt

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