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Artículos

Cuarta parte

Cuarta Parte. Gobierno de la Congregación.

Capítulo XII. Los Capítulos.

292. El progreso y genuina renovación de la Congregación depende mucho de la eficacia de los Capítulos y de la idoneidad de las Superioras. Por eso las Hermanas han de participar en ellos con mucha generosidad, anteponiendo siempre el bien común al propio interés. Dos cosas deben ser el alma de toda lección: la máxima participación de las Hermanas y el espíritu de obediencia. La madurez de una Comunidad se mide por la libertad al dar su voto y después por la sumisión a la autoridad elegida. Así en la Comunidad se han de aceptar los votos y pareceres como signos de la voluntad de Dios.

293. Todas las Hermanas de votos perpetuos gozan de voz activa y pasiva, a no ser que las Constituciones determinen otra cosa. Tienen voz activa, inclusive con el derecho de poder ser elegidas Delegadas al Capítulo General, las otras Hermanas que ya hayan cumplido tres años de votos temporales; corresponde al Capítulo General indicar las modalidades para su elección de Delegadas al Capítulo General.

294. Estando los Capítulos al servicio de las Comunidades, las Superioras convocarán oportunamente a las que intervengan y les comunicarán con tiempo suficiente los asuntos que se hayan de tratar, para que puedan deliberar suficientemente sobre ellos. Las Hermanas que no participan en los Capítulos pueden enviar con toda libertad y por escrito aquellas sugerencias y cuestiones que crean convenientes. La vocal que llegue empezado el Capítulo sea admitida a las deliberaciones siguientes.

295. Cuando según las Constituciones la Superiora propone varios nombres de candidatas para un oficio, éstas, si son vocales,  pueden dar su voto en la elección.

296. En la elección por balotas la candidata propuesta por la Superiora no puede dar su voto ni estar presente.

297. Las Hermanas no pueden renunciar al derecho de votar, a no ser las que presiden el Capítulo, quienes según su conciencia pueden abstenerse.

298. Para la validez de las elecciones y determinaciones se requiere siempre una mayoría de votos, aunque no la misma para todas. La mayoría que se requiere en cada caso se indica en las Constituciones. Si expresamente no se indica nada, se requiere mayoría absoluta.

299. En nuestras elecciones se debe guardar generalmente lo prescrito por el Derecho Común, mientras no se indique otra cosa.

300. Al votar en los Capítulos sobre leyes u otras determinaciones se seguirá la forma modal, según la cual todas las Hermanas dan su voto escribiendo o no simplemente, o sí con observaciones. Realizado el escrutinio, los votos sí con observaciones se cuentan como favorables; pero si las que votan , no llegasen a la mayoría requerida, han de considerarse las razones aducidas por las que votaron sí con observaciones, de modo que ninguna ley o decreto del Capítulo sea aprobado sin obtener la mayoría requerida de .

301. Las Capitulares han de guardar secreto acerca de todo aquello tratado en el Capítulo, cuya divulgación pueda perjudicar el bien común o el privado. Ha de hacerse lo mismo en casos especiales, cuando lo juzgue conveniente la mayor parte de las vocales.

302. Lo tratado en Capítulo y sus conclusiones se han de consignar en el Libro de Actas o al menos se ha de dejar constancia escrita, debiendo ser firmado por todas las vocales.

Capítulo XIII. Capítulo local.

303. La reunión de la Comunidad convocada con el fin «de procurar el bien de todas las Hermanas», en consejo fraterno y bajo la moderación de la Hermana Superiora, constituye el Capítulo Local.

304. Ha de celebrarse al menos una vez al mes, anunciándolo al menos un día antes y comunicando a las capitulares una exposición sumaria de los temas a tratar, principalmente a las Consejeras, de tal forma que ésta a una con la Hermana Superiora piensen atenta y diligentemente los asuntos más importantes y muestren a la Hermana Superiora su propio parecer, antes de que se someta al juicio de todas las capitulares lo que se ha de determinar.

305. Toda Hermana tiene derecho a proponer en el Capítulo lo que a su juicio crea ser  de utilidad para el bien común, sometién­dose el juicio del Capítulo. El derecho de convocar el Capítulo pertenece a la Hermana Superiora, lo que hará a su juicio o a petición de la mayor parte de las capitulares. Las Hermanas no capitulares serán escuchadas en lo que se crea oportuno.

306. Todas las convocadas tienen la obligación de asistir, de tal forma que sin la presencia de la mayoría de las capitulares, no se puede celebrar el Capítulo.

307. En las casas donde no es posible celebrar el Capítulo Local, porque no son Comunidades de cuatro Hermanas con voz activa, todos los problemas que deberían ser tratados en Capítulo, remítanse al juicio de la Madre General con el consentimiento de su Consejo.

308. En el Capítulo se deben tratar, y sin su expreso consentimiento no se les puede dar solución, los asuntos de mayor importancia referentes a la vida común y al apostolado y otros determinados por los Estatutos, entre los cuales se puede incluir la elección de las oficialas de la casa. Se ha de tratar, donde ocurra el caso, la admisión de las Hermanas al Noviciado, a la profesión temporal y perpetua; cualquier contrato extraordinario; la relación hecha por la Hermana Superiora y cada una de las oficialas de los ingresos, donaciones o gastos de la Comunidad, que hayan sido realizados directamente por toda la Comunidad o por cada una de las Hermanas; el horario de la casa, así como cualquier otro punto señalado en las Constituciones o Estatutos.

309. En los negocios a tratar debemos proceder con mansedumbre, sin animosidad, no queriendo imponer a nadie nuestro parecer, sino colaborar humildemente con nuestra aportación a encontrar la voluntad de Dios, acordándose del ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo, que a ninguno quiso imponer la verdad por la fuerza, sino declararla a todos para que pudiesen aceptarla libremente.

310. Para que sean aprobados los asuntos tratados en Capítulo, se requiere la mayoría absoluta de votos. De otra manera, mientras no se obtenga la mayoría, se ha de considerar a la Hermana Superiora autorizada a proceder según ella juzgue en la presencia de Dios, a fin de que la Comunidad no experimente dilación e impasibi­lidad en los negocios, salvo el derecho de la Superiora General.

311. En aquellas cosas, para cuya ejecución se requiere por derecho licencia de la Superiora General, la Hermana Superiora comuníquelo por escrito a la Superiora General para que ella sola o con su Consejo, según los diversos casos, juzgue lo que más convenga.

Capítulo XIV. Oficio y autoridad de la Superiora Local.

312. Para la buena administración de cada Casa o Comuni­dad del Instituto habrá una Superiora Local, que representa a la Madre General y preside y rige la Comunidad. A ella obedezcan como a Madre todas las Hermanas, salvo el derecho de la Superiora General.

313. Las Superioras «deben ser sólidamente virtuosas, amar tiernamente la Congregación, conocer a fondo su espíritu, ser muy celosas de la observancia de las reglas y tener una conducta llena de caridad y prudencia, para hacerse apreciar de sus súbditas, conser­vando entre todas aquella íntima unión que debe reinar entre personas consagradas a Dios y captarse la benevolencia de las personas extrañas, procurando que en todo queden edificadas y formen siempre un buen concepto del Instituto».

314. Tenga presente la Hermana Superiora que ha de dar cuenta a Dios de las almas que le han sido encomendadas, y dócil a su voluntad, en cuyo nombre gobierna, ejerza su autoridad con espíritu de servicio a sus Hermanas, de suerte que exprese la caridad con que el Señor las ama, y las dirija como a hijas de Dios, fomentando la sumisión voluntaria.

315. Al principio de su mandato trate diligentemente de conocer los derechos y obligaciones, necesidades y exigencias de la Comunidad y de cada una de las Hermanas, para proceder con acierto y prudencia.

316. Conserve y fomente la unión tanto de las Hermanas entre sí como con toda la Congregación. Cuide de la vida y costumbres de las Hermanas con la palabra y el ejemplo. Defienda lo rectamente ordenado y corrija lo defectuoso, según aquello de Santo Tomás de Villanueva: «Entre Superiores Agustinos no se trata de encontrar qué corregir, sino de corregir lo que se encuentra».

317. Comunique diligentemente a las Hermanas las disposicio­nes de la Superiora General, haga lo posible para conocer su opinión y deseos, sobre todo por medio de los Capítulos Locales y de Renovación; y procure que todas cumplan exactamente con sus cargos, respetando siempre el principio de subsidiaridad. En el cumplimiento de su oficio confíe más en Dios que en sus fuerzas, rezando por sus encomendadas.

318. Las Hermanas vivan con ella en sincera comunión y ayúdenla con comprensión a compartir su carga, adelantándose caritativa y generosamente a sus mandatos, no apartándose de la obediencia, apoyándola con consejos e iniciativas y, si fuera necesario, amonestándola con humildad y misericordia, puesto que también ella está envuelta en la flaqueza.

319. La Madre General con el consentimiento de su Consejo nombrará a las Superioras Locales para un cuatrienio, acabado el cual pueden ser confirmadas por causas justas para otro, pero no por tercera vez inmediatamente ni en la misma casa ni en otra, a no ser en casos notoriamente excepcionales, que se han de hacer constar en el oficio de nombramiento. La Superiora Local debe tener los años de votos perpetuos establecidos en las Determinaciones capitulares.

320. Durante su mandato debe residir en la propia casa, de la que no le será lícito ausentarse, sino por breve tiempo. Durante su ausencia la sustituye la Vicesuperiora o Primera Consejera y en su defecto la que le sigue, o la Hermana más antigua según el orden de precedencia.

321. Si queda vacante el oficio de Superiora, ejérzalo la Vicesuperiora o primera Consejera; y si también vacase ésta, aplíquese el número anterior hasta que se nombre sustituta.

Capítulo XV. Las oficialas de la Casa.

322. En cada Comunidad de la Congregación, según las necesidades del lugar, se nombrarán oficialas, cuya misión principal es cooperar con una entrega especial al bien común de la Comunidad en la actividad que le impone el cargo, para que todo se ordene con más eficacia y acierto.

323. Los oficios no serán incompatibles entre sí, a no ser que lo exijan las circunstancias.

324. Además de lo que se establece en las Constituciones toca a los Estatutos determinar más concretamente los deberes de las Superioras y de los otros cargos, a los cuales puntualmente se conformará la Hermana que los desempeñe, debiendo leerlos cada semana, y examinarse diariamente sobre su observación, sin olvidar que de la fidelidad en cumplir bien estas obligaciones depende su aprovechamiento en la virtud y el bien de la Congregación.

325. Cada Superiora tendrá una Vicesuperiora, que será la primera Consejera, para que la supla en sus ausencias y enfermedades. No cambiará nada de lo establecido por la Superiora, a no ser por urgente necesidad y con el consentimiento del Capítulo. Las cosas más notables que surjan, ausente la Superiora debe notificárselas.

Consejeras

326. La misión principal de las Consejeras es asistir de modo especial a la Hermana Superiora, para fomentar el buen orden de la Comunidad y al mismo tiempo estudiar los asuntos más importantes, dando su parecer sobre ellos. Forman con la Superiora el Consejo de la casa y les compete también la revisión de las cuentas. No serán más de cuatro.

327. La Superiora deberá reunirlas al menos dos veces cada mes y consultarles los asuntos principales de la casa sin perjuicio de practicarlo individualmente siempre que lo juzgue útil o necesario. Ellas, por deber, amonestarán a la Superiora en caso de ser negligente en el cumplimiento de sus deberes, y en aquello que delante de Dios creyeren conveniente a su salud espiritual y corporal. Serán como un ángel tutelar que estrecha los lazos de aquella unión íntima que debe haber siempre entre las Hermanas y Superiora, obrando en todo con moderación, caridad y prudencia que requiere su delicado cargo.

Secretaria

328. Habrá igualmente una Secretaria encargada del cuidado del archivo, ordenación de los registros y redacción de Actas, memorias y de todos los documentos pertenecientes a la correspondencia. A no ser que las circunstancias aconsejen el nombramiento de otra Hermana, desempeñará también el oficio de Bibliotecaria. Cumplirá su misión a tenor de los números 140-143. 405-406 y 408.

Procuradora

329. Habrá igualmente una Procuradora encargada de auxiliar a la Comunidad en la contabilidad y demás asuntos de administración. Procederá en su oficio en conformidad con los números 407 y 409-433.

Capítulo XVI. Capítulo General.

330. Como las Hermanas congregadas en Capítulo Local de común cuerdo tratan del bien de la casa, así reunidas en Capítulo General deben procurar el bien de todas las Hermanas,  empleando los medios más aptos para conseguirlo. Esto lo hacen cuando eligen a la Madre General y a su Consejo, dictan normas y realizan otras cosas semejantes; lo que no deben hacer por propio arbitrio ni por autoridad dominante, sino en nombre y representación de todas las Hermanas, de las que deben estimar los consejos, peticiones y sugerencias.

331. El Capítulo General ordinario debe celebrarse cada cuatro años en la fecha a determinar por la Madre General con su Consejo, procurando sea tiempo apropiado para fomentar el espíritu corporativo de la Iglesia y de la Congregación.

332. El Capítulo General se divide en tres partes, a las que antecede un período preparatorio y sigue un período poscapitular.

333. El período preparatorio empieza tres meses antes de la celebración del Capítulo, cuando la Madre General con el consenti­miento de su Consejo, envía a cada comunidad la correspondiente circular en la que señala la fecha y lugar de la celebración del Capítulo y además una relación del estado de la Congregación con las sugerencias que ella y su Consejo estimen necesarias o útiles para promover el bien de la Congregación.

334. La relación del estado de la Congregación será elaborada y firmada por el Consejo en pleno y debe tratar:

  1. De la vida espiritual y comunitaria de todas las Comunidades.
  2. De las Casas de Formación y de los estudios.
  3. De la vida apostólica, sobre todo de las obras sociales.
  4. De los proyectos que se están realizando.
  5. Del Estado económico de la Congregación.
  6. De otras cuestiones que se consideren útiles o necesarias.

335. Hágase de tal forma que todas las Hermanas tengan elementos de juicio necesarios sobre los asuntos, deseos e iniciativas que han de tratar en el Capítulo y para formarse una opinión acertada sobre el gobierno de la Congregación en el futuro, lo cual se puede conseguir mejor, si las Hermanas estudian de común acuerdo dicha relación en el Capítulo Local.

336. Además la Madre General exhorte a todas las Hermanas y comunidades:

  1. A que envíen cuanto antes a la Casa General todas las observacio­nes y cuestiones que crean necesario proponer para el bien de la Congregación.
  2. A que todas las que tengan voz en el Capítulo se reúnan en el lugar determinado el día establecido.
  3. A que se hagan en toda la Congregación ejercicios extraordinarios de piedad para que el Señor se digne iluminar a todas las personas que han de concurrir... Y no dudando que todo depende del acierto en el asunto de tanta importancia, lo encomenda­rán mucho a Dios.

337. Las sugerencias recibidas de las casas o de las Hermanas serán enviadas cuanto antes por la Madre General y su Consejo a todas las hermanas, al menos resumidas en síntesis, para que sobre todo las capitulares las examinen diligentemente y exploren con prudencia el parecer de las Hermanas a las que han de representar en el Capítulo.

338. Recibida la carta de convocación y la relación del estado de la Congregación, se procederá a la elección de Delegadas, las cuales han de ser dos terceras partes de las vocales del Capítulo.

339. Son vocales por su oficio: La Madre General, Consejeras Generales, la Secretaria y Procuradora Generales, las Vicarias Regionales y las Superioras de las Casas con el número de Hermanas que haya determinado el Capítulo General Ordinario anterior.

340. La elección de Delegadas ha de ser secreta y por mayoría de sufragios, descontados los votos nulos. Si en el primero y segundo escrutinio ninguna Hermana obtiene mayoría absoluta, en el tercer escrutinio decidirá la mayoría relativa. Si en el tercer escrutinio dos Hermanas tienen igual número de votos, se considerará elegida la que sea más antigua de profesión entre las dos, y en caso de igualdad, la de más edad. Serán escrutadoras la más antigua y la más joven del grupo. Si la votación se hiciera por carta, lo será el Consejo General.

341. Corresponde a la Madre General con su Consejo comunicar a todas las comunidades la distribución de colegios electorales y determinar el lugar o modo a seguir en los colegios no pertenecientes a una casa determinada. El resultado de la elección será comunicado lo más pronto posible a la Madre General y su Consejo.

342. En tiempo oportuno la Madre General comunicará a los Superiores de las otras partes de la Orden existentes en la región, la celebración del Capítulo, rogándoles se dignen encomendarlo a las oraciones de todos los hermanos.

Parte 1ª: Inauguración y discusión del estado de la Congregación

343. El día determinado por la Madre General con el consentimiento de su Consejo, después de celebrarse la misa, si es posible, la Madre General convocará a las hermanas capitulares, y, hechas las preces, declarará que el Capítulo ha comenzado. La Madre General actual será la presidenta del Capítulo hasta que haya sido elegida la nueva Madre General.

344. Pronunciada la exhortación, la Presidenta, con la aprobación del Capítulo manifestada por medio de balotas secretas, nombrará a las examinadoras, para que sean revisados los documentos de las vocales y conste que éstas han sido elegidas legítimamente y que tienen voz sin prejuicio alguno.

345. Declarados los nombres de las vocales, la Presidenta con la aprobación del Capítulo, manifestada por balotas, nombrará tres escrutadoras y distribuirá a las vocales en distintas comisiones según las principales actividades de la Congregación, las cuales examinarán con  sereno y tranquilo estudio los asuntos y negocios que se hayan de resolver y sean de utilidad a la Congregación, o puedan indicar el estado de la misma y sus posibilidades en el futuro.

Parte 2ª: Elecciones. Elección de la Madre General

346. La Madre General declarará que ha cumplido el tiempo de su mandato y que se ha de proceder a una nueva elección y retirándose del aula capitular las hermanas que no participan en el Capítulo, se proceda a la elección secreta de la Madre General.

347. La Madre General ha de tener al menos treinta y cinco años cumplidos y ocho de votos perpetuos. Por las grandes obliga­ciones que pesan sobre ella pueden conocerse las principales cualidades que necesariamente han de caracterizarla. Se ha de distinguir por sus valores humanos y espirituales, por su experiencia de gobierno, celo de la Congregación, nivel cultural. Ha de ser apta para promover la unión entre los miembros de la Congregación. Persona muy exacta en la observancia de las Reglas, dotada de un celo ardiente de la gloria de Dios, de una total abnegación de sí misma, de una gran pureza de corazón, de un espíritu verdaderamen­te recogido, del hábito y gusto de la oración, de un exterior amable y llena de caridad, discreción y prudencia.

348. Realizada la primera votación, si alguna Hermana obtiene las tres quintas partes de los votos, entonces, aceptada por ella la elección, téngasela por Madre General. De lo contrario procédase a una segunda y hasta una tercera votación, dejando un tiempo prudencial entre ellas. Pero si en la tercera votación ninguna obtuviera dicha mayoría, entonces, excluida la candidatura de la que podría ser inmediatamente reelegida y concedido un intervalo de veinticuatro horas, se tenga una cuarta, y hasta si fuera necesario una quinta votación, exigiendo siempre la misma mayoría de votos. Si ni en esta quinta votación ninguna obtuviera la mayoría referida, entonces se proceda a una sexta votación, en la cual solamente tendrán voz pasiva las dos Hermanas que hubieran obtenido el mayor número de votos en la quinta. Y si hubieran obtenido la mayoría relativa con iguales votos, entonces entre ellas tendrán voz pasiva solamente aquellas dos que sean más antiguas por profesión o edad. En la sexta votación se tendrá por elegida Superiora General la que haya obtenido la mayoría de votos y, si tuvieran iguales, la más antigua por profesión o edad.

349. Redactada fielmente el Acta de la Elección y firmada por la Presidencia del Capítulo, Secretaria y Escrutadoras, guárdese en el Archivo de la Congregación.

350. Cuando el Capítulo General Ordinario anterior lo haya determinado todas las Hermanas con voz activa votarán un número conveniente de candidatas exclusivas para la elección de la Madre General, según las modalidades fijadas por dicho Capítulo.

Elección de la Vicaria de la Madre General, de las Consejeras Generales, Procuradora y Secretaria Generales

351. Después de la elección de la Madre General y en el momento determinado por la Presidenta procédase a las otras elecciones.

352. La Vicaria de la Madre General tenga las mismas cualidades que ella y en la solución de negocios de la Congregación sea como su otroyo.

353. Por esta razón para su elección, la Madre General proponga a una sola hermana que goce de su plena confianza, la cual debe tenerse como elegida si obtiene la mayoría absoluta de votos, manifestados por balotas. Si no los obtiene, entonces la Madre General proponga otra de la misma forma hasta que una alcance dicha mayoría.

354. Sigue la elección de las Consejeras Generales necesarias para atender a las distintas actividades de la Congregación, no pudiendo ser en ninguna ocasión menos de cuatro y raramente más. En la elección téngase presente la idoneidad para cumplir el cargo, tengan ocho años de votos perpetuos, sean cultas y recomendables por su prudencia, probidad y celo.

355. Para cada uno de los cargos de Consejeras la Madre General debe proponer a tres hermanas salvo siempre la libertad de las Capitulares de votar a las que según su conciencia, crean deben ser elegidas. Si después de la tercera votación ninguna hermana obtiene las tres quintas partes de los votos, en la cuarta téngase por elegida la que haya obtenido mayor número. Si dos o más hubieran obtenido el mismo número, se proceda según el orden de preceden­cia. También puede ser propuesta para el cargo de Consejera la Vicaria de la Madre General.

356. Hecha la exploración conveniente entre las vocales, la Madre General propondrá la elección de la Procuradora y Secretaria Generales según la forma seguida en la elección de su Vicaria.

357. Para los cargos de Procuradora y Secretaria Generales, la Madre General proponga una Hermana idónea, que pueda prestar su actividad y ayuda tanto dentro como fuera del Consejo. Únicamente tendrán voto en el Capítulo General. La Madre General no puede privarles de su oficio sin el consentimiento de su Consejo.

Parte 3ª: Composición del Programa de la Congregación y conclusión del Capítulo     

358. Prosíganse a continuación las sesiones plenarias para elaborar el programa de la Congregación. Las vocales, unidas en un mismo afán, procuren ante todo el progreso de la Congregación, concediendo siempre la primacía a la vida espiritual de las Hermanas y a la conveniente formación de las jóvenes, para que la vida de la Congregación avance más segura e intensa y nuestro apostolado responda mejor a las necesidades de la Iglesia.

359. Considérese solícitamente y provéase la forma de fortalecer y aumentar la Congregación en aquellos lugares donde es más débil y de plantarla y arraigarla donde no existe, para que por todo el mundo la que quiera pueda encontrar a Dios según la forma de vida de nuestra profesión.

360. La Madre General envíe cuanto antes a todas las casas de la Congregación las Actas del Capítulo.

Período poscapitular: Nombramientos poscapitulares

361. Terminado el Capítulo la Madre General convoque con diligencia a su Consejo para tratar de poner en práctica el programa aprobado en el Capítulo, ordenar las comunidades o familias locales; proveer dentro del término de tres meses Superioras locales y otros cargos en la Congregación

362. Encomiende a cada Consejera el estudio de los temas directa o indirectamente relacionados con su oficio.

363. Las Consejeras pongan recta intención y ánimo diligente en hacer eficaz la misión a ellas encomendada para conseguir el fruto deseado. Si fuese necesario, con la anuencia de la Madre General, visiten las casas y organicen, cuando sea oportuno, reuniones y tomen otras determinaciones.

364. Al ordenar las Comunidades o familias de cada casa tengan presente como ley suprema la salud de las almas, encomendando a cada Hermana, en cuanto lo permita el bien común, aquella ocupación u oficio que esté más en conformidad con su ingenio, índole o condición, dándole oportunidad y facilidad para que haga fructificar los talentos que le han sido dados por Dios

365. Los nombramientos o confirmaciones en los oficios a proveer sean hechos por mayoría de votos entre las distintas candidatas propuestas por la Madre General. De esta forma nómbrese las Superioras Locales, Vicesuperioras, Consejeras, Procuradoras, Secretarias, Maestras de Formación, Directoras de Colegio, Prefectas de Estudio y otros oficios que así lo requieran. La duración de los principales oficios de cada casa no se prolongará por más de cuatro años, a no ser en algún caso extraordinario a juicio del Consejo.

366. Para el nombramiento de las Superioras óigase antes a las Hermanas de la Comunidad ya ordenada y procúrese hacer lo mismo con otros cargos.

367. Para que el método de formación resulte más orgánico y compacto en toda la Congregación, no se nombren Maestras ni Prefectas sin antes conocer el parecer de las Casas de Formación.

368. La Madre General entregará el oficio de nombramiento a cada superiora y a las otras oficialas, firmado y refrendado con el sello de la Congregación, para que consten sus legítimos nombra­mientos o elecciones.

369. La Superiora nombrada pasa dicho oficio a la Vicesupe­riora o a la más antigua de las Hermanas para que lo lea a la Comunidad y, desde este instante, todas las Hermanas prestarán obediencia a la nueva Superiora.

Capítulo XVII. Capítulo general intermedio.

370. Pasados dos años de la celebración del Capítulo General ordinario, se tendrá en el lugar designado por la Madre General con su Consejo, el Capítulo General intermedio, según lo que se ha dicho sobre el Capítulo General Ordinario.

371. El Capítulo Intermedio tiene casi la misma autoridad que el Capítulo General Ordinario. No puede, sin embargo:

  1. Revocar lo que el Capítulo Ordinario se hubiese reservado, y sus determinaciones sólo tienen vigor hasta la celebración de éste, las cuales carecen de valor si no las aprobara.
  2. Revocar o modificar alguna determinación del Capítulo Ordinario, a no ser en caso de urgente necesidad e indicando las razones.

372. El fin de este Capítulo es rendir cuenta en reunión fraterna de la ejecución del programa prescrito por el Capítulo General Ordinario y tratar de encontrar soluciones para mejor llevarlo a la práctica dando ocasión a la Madre General con su Consejo para cambiar impresiones con las vocales y hacer posible que todas estén al corriente sobre todo de los asuntos difíciles, para que presten su ayuda y consejo. Proveerá o confirmará además, si fuera necesario, aquellas cosas que competen al Capítulo General Ordinario.

373. Para que este Capítulo pueda desempeñar apta y eficazmente su cometido, las vocales serán:

  1. La Madre General, que será Presidenta.
  2. Las ex-Generales.
  3. La Vicaria de la Madre General.
  4. Las Consejeras Generales.
  5. La Secretaria General, que lo será igualmente del Capítulo.
  6. La Procuradora General.
  7. Las Vicarias Regionales.
  8. Las Superioras Locales.
  9. Las Delegadas, que serán un tercio de las Capitulares.

374.  Si el Capítulo Ordinario lo cree oportuno, para evitar gastos innecesarios puede determinar que cada Vicariato celebre el Capítulo Intermedio en sus propias regiones o juntándose las Hermanas de las regiones próximas en el lugar y tiempo oportuno, pero después de que se haya celebrado el Capítulo Intermedio en la región donde tiene su sede la Casa General. En este caso lo presidirá la Madre General o una Delegada suya. Pero entonces, para que queden aprobadas por toda la Congregación las determinaciones del Capítulo Intermedio, es necesario que concurran conjuntamente la mayoría absoluta de los votos favorables dados en las diversas partes donde se ha celebrado el Capítulo.

375. Procure la Madre General proponer al Capítulo interme­dio los problemas de mayor importancia para la Congregación -aunque ella sola o con su Consejo pueda solucionarlos- retrasando su solución o anticipándola, siempre que la Congregación no sufra detrimento.

376. Y para que sirva de ejemplo a otras hermanas, no tema la Madre General encomiar en el Capítulo a las Superioras y hermanas que con gran ejemplaridad hayan promovido el progreso de la Congregación: suscitando vocaciones, consiguiendo fundaciones, fomentando la vida de comunidad, cuidando con gran esmero los estudios y acomodando inteligentemente el apostolado a las necesida­des de la Iglesia.

377. Pero sobre todo proponga a la consideración de las vocales la mutua colaboración entre las casas de la Congregación, de forma que las que tienen más ayuden a las que sufren necesidad.

378. La Madre General envíe cuanto antes a todas las casas de la Congregación las Actas del Capítulo.

Capítulo XVIII. Oficio y autoridad de la Madre General.

379. La Madre General es después del Capítulo general, la máxima autoridad y cabeza de la Congregación. Confiada en su providencia y fidelidad, la Congregación le encomienda su cuidado y administración.

380. Estará totalmente consagrada al cuidado de las herma­nas... Mirará a todas como a hijas, cuidando de cada una de ellas con solicitud y cariño maternal, para que sean su gozo y su corona. Las Hermanas, a su vez, la tratarán como a madre y le prodigarán todos los homenajes de respeto y sumisión que le son debidos, portándose como buenas hijas y honrándola siempre con el título de Madre.

381. Ninguna cosa le debe estar más en el corazón que armonizar sus deberes de tal manera, según el pensamiento de N.P. San Agustín y la auténtica tradición de la Orden, que ayude a las hermanas a caminar por la senda de la salvación. No escatime desvelos y sacrificios para que las superioras cumplan bien su oficio y tenga especial solicitud por las casas de formación, base y fundamento de la Congregación.

382. Vigilará con el mayor celo y caridad todos los actos de las hermanas, animándolas a todas con palabras y el ejemplo al exacto cumplimiento de sus deberes, y no olvidando de enterarse y atender con prontitud a todas sus necesidades espirituales y tempora­les. Ponga especial cuidado para que la vida común se observe perfectamente en todas las casas.

383. Procurará con ardor ser un espejo vivo de todas las virtudes, en el que puedan mirarse constantemente las hermanas y celará que se observe, por amor en toda la Congregación la Regla, Constituciones y de demás providencias de los superiores, a cuyo fin deberá avisar y corregir con entrañas de madre las faltas de todas las hermanas.

384. Cuidará de una manera particular de las enfermas sin distinción alguna, procurando que la enfermera haga con ellas lo que sabe inventar la caridad en obsequio de los que sufren alguna dolencia para que las hermanas hagan lo mismo, cuando la obedien­cia las llame al lado de algún enfermo; y lo recomendará de un modo especial a las superioras locales.

385. Para que pueda cumplir con su misión le es necesario mirar a larga distancia el futuro de la Congregación y enfrentarse con sus problemas con fortaleza, confiando en Dios y en las hermanas. Fomente lo comenzado, si es para bien de la Iglesia y confirme las experiencias. Incluso suscite e inicie ella misma lo que mejor responda a las necesidades de la Iglesia y de toda la humanidad. Y exhorte a esto en el Capítulo General a las vocales. Cuide, sin embargo, que ninguna de las hermanas introduzca proyectos contrarios a la naturaleza de la Congregación o que lesionen su unidad.

386. Durante su mandato visite las casas por sí o por otras hermanas delegadas suyas con el fin de promover y sostener en ellas la santa observancia y fomentar el espíritu religioso. Conceda a sus delegadas la autoridad y facultades que juzgue necesarias, cuyos límites de ninguna manera puede traspasar la Visitadora.

387. Por prescripción del Derecho eclesiástico o de estas Constituciones, la Madre General necesita el consentimiento de su Consejo en la solución de los asuntos más graves de la Congrega­ción. Los principales son:

  1. admitir candidatas a la Congregación, según el nº 251;
  2. anticipar seis meses la celebración del Capítulo General, prorrogarlo no más de dos meses o cambiar el lugar de su celebración;
  3. privar de su cargo a la hermana superiora;
  4. proveer los cargos de Vicaria de la Madre General, Consejeras, Secretaria y Procuradora generales, de la misma forma que en el Capítulo general, si es que vacasen;
  5. nombrar las superioras y oficialas que se requieran;
  6. conceder licencia para adquirir, trasladar o dejar una casa.

388. El Consejo General determinará anualmente la cantidad de dinero de la que pueda disponer la Madre General para gastos extraordinarios en beneficio de la Congregación cuantas veces lo crea necesario según su conciencia y prudencia. Para los gastos que excedan de dicha suma se requiere, en cada caso, el consentimiento expreso de su Consejo, al que compete determinar la suma anual que puede gastar en limosnas. En lo demás se ha de seguir el Derecho Común. 

389. Ausente temporalmente de la Casa General o impedida de ejercer su oficio la Madre General, hará sus veces su Vicaria.

390. Si durante el Capítulo General intermedio la Madre General, por justa y grave causa reconocida como tal por el Capítulo, pidiese con insistencia ser librada del cargo, entonces allí mismo, al igual que se hace en el Capítulo General ordinario, sea elegida la nueva Madre General, quien desempeñará su oficio hasta el próximo Capítulo general ordinario. Corresponde a la Santa Sede aceptar la renuncia de la Madre General.

391. La Superiora general no podrá ser elegida consecutiva­mente más de dos veces. Las hermanas que hayan sido Superioras generales tendrán voto en los capítulos generales para que puedan servir mejor a la Congregación con sus conocimientos y experiencias verdaderamente singulares.

Capítulo XIX. La Vicaria de la Madre General, Consejeras Generales y otras Oficialas.

392. La misión principal de la Vicaria de la Madre General está en que, ausente la Madre General de su sede e impedida en su oficio, haga sus veces y en su nombre represente a la Congregación en todo lugar, según las facultades que la Madre General haya creído oportuno concederle.

393. Tendrá las mismas cualidades que la Madre General y en el cumplimiento de su misión proceda siempre según el parecer y la voluntad de la misma, y hágale saber lo realizado o lo que se haya de realizar para promover el bien de la Congregación.

394. La Madre General ponga en ella [la Vicaria] su confian­za, ya sea encomendándole la visita de la Congregación u otros negocios a los que ha de prestar con facilidad su ayuda. La Vicaria sea siempre fiel a la Madre General, para que se sienta segura en su responsabilidad y buena fe.

395. Asista a las sesiones del Consejo para conocer mejor los problemas de la Congregación; pero, presente la Madre General, no tendrá voz activa, a no ser que expresamente se determine otra cosa. Permanece en su oficio hasta el próximo Capítulo General Ordinario, salvo el caso en que cesare por las mismas causas y circunstancias que la Madre General. 

396. Si por cualquier causa, fuera del Capítulo General, vacase el cargo de Madre General, ella asume el gobierno de la Congregación con el título de Vicaria General, siendo su misión principal convocar en el plazo de seis meses el Capítulo General, según los números 330-341, para que se celebre dentro del término de un año. 

397. Durante el tiempo de su administración no puede cambiar, revocar o rescindir los decretos o disposiciones dados por la Madre General, a no ser en caso de necesidad urgentísima y con el consentimiento de su Consejo.

398. Vacante el cargo de Vicaria General de la Congregación lo asume la Consejera General más antigua por profesión.

Consejeras Generales

399. A fin de que se puedan discutir, ilustrar y resolver con más acierto todos los asuntos que se  ofrezcan de grave interés, tendrá la Congregación un Consejo General compuesto por las Consejeras Generales y por la Madre General, que es su Presidente nato.

400. La misión principal de las Consejeras es ayudar a  la Madre General en el gobierno de la Congregación con su prudente consejo y diligente trabajo. Ya sean consultadas individualmente, ya reunidas en Consejo, expondrán con humildad y franqueza lo que les parezca útil para la gloria de Dios y bien del Instituto. Deberán igualmente sostener de un modo especial su autoridad por ser una de sus principales obligaciones, no sólo entre las Hermanas, sino también entre los extraños y conciliarle en cuanto puedan los corazones de todos. 

401. Las Consejeras Generales serán tantas cuantas sean las actividades principales de la Congregación y han de ser al menos cuatro. En su elección se tendrán muy en cuenta las cualidades que se les crea necesarias para promover dignamente las actividades a ellas encomendadas. 

402. Habrá Consejeras al menos para estas actividades:

  1. Consejera promotora de la vida interna de la Congregación y formación de las Hermanas.
  2. Consejera promotora de obras sociales.
  3. Consejera promotora de los estudios y apostolado de la enseñanza.
  4. Consejera promotora de apostolado en general, actividad misional y ecuménica.

403.  Las Consejeras estarán dotadas de tal ingenio y celo que sean realmente capaces de fomentar nuevas iniciativas y proyectos, para mejor realizar la misión que les ha sido encomendada bajo la moderación de la Madre General. Si fuese necesario, organicen reuniones entre las Hermanas y recurran a otros medios aptos para realizar mejor su cometido.

404. Con el consentimiento de la Madre General, y teniendo en cuenta la diversidad de costumbres y mentalidades de las distintas regiones, pueden servirse de otras colaboradoras eventual o permanentemente.

405. La misión de las Consejeras durará un cuatrienio, terminado el cual de ninguna manera podrán ser reelegidas más de dos de ellas.

Secretaria y Procuradora Generales

406. La Secretaria General debe ser la mano y memoria de la Madre General y del Consejo; será por lo mismo obligación suya redactar los documentos de la correspondencia y resoluciones tomadas en el Consejo, anotar todos los sucesos, cuya memoria haya de conservarse; tener siempre corrientes todos los libros y registros que exige un buen gobierno, y cuidar con esmero del archivo de la Congregación. Será fiel a su empleo, sin participar a nadie cosa alguna que a él se refiera, a no ser que esté autorizada para hacerlo.

407. Asistirá a las sesiones del Consejo, pero sin voto y sólo con asiento y voz, siendo preguntada.

408. La Procuradora está encargada de ayudar a la Madre General y su Consejo en la administración de los bienes de la Congregación. A ella pertenece proveer lo temporal de cada casa del Instituto, proponer medios de economía para plantearlos en todas las casas, después de haber merecido la aprobación correspondiente; cuidar de que las otras Procuradoras le remitan las cuentas,  anualmente, de sus casas respectivas haciendo en ellas las observaciones oportunas, y formar con todas ellas al fin de año la cuenta general, o sea, un resumen de las mismas; el que unido a estos documentos, después de aprobados por la Madre General y su Consejo, entregará a la Secretaria para su custodia en el archivo de la Congregación. Debe también la Procuradora llevar con escrupulosidad todos los asuntos propios de una buena administración y, siendo fiel a su cargo, tener la correspondiente reserva en todo lo que a él pertenezca. 

409. Considérese la oportunidad de dar a la Secretaria una colaboradora con el título de Archivera de la Congregación. Se ha de nombrar a una Hermana experta en Historia de la Iglesia y, sobre todo, de la Orden y de la Congregación. A ella corresponderá conservar con el debido interés y orden los escritos y documentos guardados en el Archivo General, y hacer el inventario o catálogo de ellos, para que el Archivo sea fuente óptima de jurisprudencia en el gobierno de la Congregación y fiel reflejo de su vida, actividad y espíritu. A su tiempo traslade los documentos de la Secretaría al Archivo, que no permitirá sacar sin licencia escrita de la Madre General. 

Capítulo XX .Administración de los bienes temporales.

410. Nuestra Congregación ha de dar testimonio colectivo de pobreza por razón de su naturaleza y fin, conscientes todas nosotras de que nuestro tesoro está en el cielo y usando los bienes temporales como dones de Dios necesarios para el sustento de la vida temporal y de las obras de apostolado. Por eso las casas y toda la Congregación, como personas jurídicas, pueden poseer, adquirir, enajenar y administrar bienes, a norma del Derecho común y propio.

411. La fuente primera de nuestros bienes ha de ser el trabajo asiduo de las Hermanas, el buen uso de los mismos, las donaciones hechas por los bienhechores y la actividad económica, regulada por las leyes de la Iglesia y de nuestra Congregación.

412. Conviene recordar la obligación que tenemos de dar ejemplo al prójimo también en la administración temporal, no reteniendo los bienes infructuosos y ayudándose mutuamente y con generosidad las casas.

413. El amor y promoción social de los pobres y la intensidad de nuestras obras apostólicas deben mantenernos en la pobreza y humildad efectivas.

414. Como la justicia social debemos practicarla ante todo con el ejemplo, en todas nuestras casas sean remunerados con generosidad todos aquellos que presten algún servicio.

415. No se exigirá dote a la joven que ingrese en nuestra Congregación, pero abonará una cantidad prudencial, siempre que sea posible, para gastos inherentes al Postulantado y Noviciado.

416. Toda religiosa, al hacer su primera profesión, hrá una declaración con valor legal, haciendo constar que, si algún día llegase a dejar la Congregación, nada exigirá en concepto de remuneración por el trabajo realizado en sus años de vida religiosa.

417. Los bienes temporales de las casas  de la Congregación deben ser administrados por religiosas de probada responsabilidad, con experiencia administrativa y dotadas además de pericia, cualidades absolutamente necesarias para desempeñar estas actividades.

418. Existirá en la Congregación una Comisión de asuntos económicos, compuesta por un miembro del Consejo, la Procuradora General y al menos otras dos religiosas nombradas por el Consejo General.

419. Compete a esta Comisión estudiar y proponer los medios convenientes para mejor conservar y distribuir los bienes, para llevar a cabo las planificaciones que se crean oportunas.

420. Con ocasión del Capítulo General se dará una amplia información sobre el estado económico y administrativo, para que todas las Hermanas tomen conciencia de la situación ñeque se encuentra la Congregación.

421. De ordinario, las planificaciones serán aprobadas por los Capítulos o, si fuera necesario, por la Madre General, con el consentimiento de su Consejo, previo el voto consultivo de la Comisión de asuntos económicos.

422. Todas las Procuradoras, por razón de su oficio, pueden hacer válidamente los gastos y actos jurídicos de administración ordinaria, según las facultades que les haya conferido el Capítulo respectivo. Para los gastos y actos jurídicos extraordinarios necesitan, en cada caso, el consentimiento de los Capítulos; y, si el caso lo requiere, de la Madre General y hasta del Consejo.

423. Las Procuradoras de las casas y de la Congregación presentarán una relación exacta del estado económico de la casa o Congregación a las Superioras y sus Consejos, cuantas veces lo determine el Estatuto Especial. En todos los Capítulos General, la Ecónoma General, presentará una relación del estado económico de la Congregación y, una vez al mes, se hará lo mismo en el Capítulo Local con el estado económico de la casa.

424. Para las casas cuya administración requiere un trabajo más intenso y complicado se nombrarán, además de la Procuradora, las colaboradoras que sean necesarias.

425. La Comisión de asuntos económicos se encargará, bajo la autoridad y visto bueno del Consejo General, de colocar de la forma más rentable los bienes de la Congregación. Estos bienes estarán a nombre de la Congregación y por lo menos avalados con tres firmas, que serán las de la Madre General, Procuradora General y una Hermana de la Comisión de asuntos económicos. Para los gastos ordinarios se tendrá una cuenta corriente a nombre de las tres personas antes citadas, de modo que sólo se necesiten y sean suficientes dos firmas para poder sacar dinero. Si en alguna parte no se reconociera la Congregación, entonces se constituirá, en cuanto sea posible, una sociedad según las leyes del país.

426. Todas las casas de la Congregación, hecho el balance y reservada para gastos ordinarios e imprevistos una cantidad prudencia a juicio del Capítulo General, oído el Capítulo Local, entregarán el remanente a la Comisión de asuntos económicos, la cual se encargará del sustento de la Casa General, de los gastos extraordinarios de todas las casas y de otras necesidades de la Congregación. Esta entrega total del remanente se hará con verdadero espíritu de pobreza, de caridad y unión, siendo fruto y expresión de la unión de corazones que debe haber entre todas las Hermanas de la Congregación y del amor a los necesitados que con él puedan atenderse.

427. Las casas que tengan cuenta corriente procederán a tenor del número 467. Se tomarán las firmas de la Superiora, Procuradora y de una de las Consejeras.

428. En las casas donde haya dificultad para abrir una cuenta corriente habrá una caja fuerte, donde se guardará la cantidad reservada para los gastos ordinarios e imprevistos. La llave de la Procuradora y su combinación la sabrán solamente la Superiora y otra Hermana.

429. Las Procuradoras tendrán presente en su ministerio que los bienes que administran no son propios sino comunes y que, al igual que los obsequios recibidos no deben emplearse nunca en bien propio, sino en bien común, dando a cada una según sus necesidades.

430. Los bienes materiales no se considerarán nunca como fin, sino como medios. Por esto deben ser sacrificados a todo valor de orden superior, como es la salud de las Hermanas, la formación religiosa o intelectual y la mayor eficacia del apostolado.

431. El Capítulo General determinará la cantidad de que pueden disponer por sí solas las Superioras Locales y cuanto pueden gastar con el consentimiento del Capítulo Local. También determinará la cantidad que debe entregarse a cada Hermana para gastos ordinarios, de los cuales deberá dar cuenta en el Capítulo Local cada mes.

432. La Madre General, sola y cuando se requiere, a tenor del nº 387, con el consentimiento del Consejo, puede enajenar bienes, comprar, vender, aceptar legados, firmar documentos privados y públicos que sean precisos y contraer deudas en beneficio de la Congregación, observando cuanto prescribe el Derecho Común. Y puede dar licencia para actuar de acuerdo a lo que establece este artículo.

433. Las administraciones locales presentarán los presupuestos anuales a la aprobación del Consejo Local para que puedan ser presentados a la Comisión de asuntos económicos y al Consejo General. Esto facilitará la administración de los bienes a favor de todas las casas de la Congregación. Dichas administraciones adoptarán el mismo sistema de contabilidad.

434.  En cuanto a otros particulares, para mejor observar y promover la administración de bienes habrá un Estatuto Especial más concreto, que será revisado al menos en cada Capítulo General Ordinario para que se conserve siempre actual.

Capítulo XXI. Defensa de la vida de Comunidad.

Corrección fraterna

435. Aunque las familias religiosas proporcionan a sus miembros suficientes medios para poder guardar, por la vía de la caridad, segura y fielmente, con espíritu legre, su profesión religiosa; sin embargo, mientras peregrinamos lejos del Señor ni la misma familia religiosa es un lugar absolutamente seguro, donde ninguno sienta angustias y dificultades y no pueda alejarse de la caridad anterior.

436. La caridad que debe reinar en nuestros corazones y el amor del decoro de la Congregación deben urgir a toda la Comunidad, a las Superioras y a cada una de las Hermanas, a ayudar, en cuanto Dios nos lo permita, a nuestras Hermanas, quizá envueltas en la tribulación, recordando la recomendación de San Agustín, nuestro Padre: Debemos pensar que también nosotros somos hombres y que igualmente pudiéramos haber caído en tal vicio, para que así, pensando esto, a nuestra reprensión preceda la misericordia.

437. Por lo que si alguna de nosotras sabe que una Hermana versa en tales circunstancias, guardando el secreto, si las demás lo ignoran, por el honor y buena fama de la Hermana, trate de proveer solícitamente a su bien espiritual y en seguida, si las circunstancias lo permiten, la anime o amoneste fraternalmente, con gran benignidad, con caridad y paciencia para que lo comenzado no progrese, sino que se corrija cuanto antes.

438. Si fuera inútil su buen servicio, vea si se puede levantar a la Hermana con la ayuda, amonestación o corrección que le pueda prestar la Superiora. Haga lo mismo siempre que la falta se haya hecho pública o pueda hacerse en seguida.

439. Las Superioras, a las cuales ha sido confiado el cuidado especial, sobre todo espiritual, de las Hermanas, a las que deben amar como a hijas de Dios y Hermanas suyas, trabajen de todo corazón para librarlas de las dificultades y peligros de cualquier género, vigilando, ayudando, exhortando, amonestando.

440. El oficio de amor de ayudar a las Hermanas, de amonestarlas o de corregirlas, pertenece de una manera especial a la Superiora Local, a la cual se ha confiado el cuidado inmediato. Las palabras de la Regla: «Corrija a las inquietas, consuele a las apocadas, reciba a las débiles, sea paciente con todas, mantenga la disciplina con agrado e infunda respeto», debe considerarlas dichas de un modo especial para ella.

441. Si la Superiora Local nada obtuviera con sus recursos de caridad o si se diera un caso que exceda a sus facultades o capacidad, refiéralo a la Superiora General.

442. Por tanto las Superioras como las demás Hermanas se esforzarán por interpretar de la mejor manera posible las acciones de las Hermanas. Procuren ver en ellas la bondad o al menos la buena voluntad por parte de la que se equivoca, a no ser que exprese y evidentemente se delate mala voluntad.

443. Y siendo la murmuración el manantial e las divisiones, se abstendrán en toda conversación de sacar los defectos del prójimo, mayormente de las Hermanas y de referir lo que ellas se hubiere dicho así dentro como fuera de la casa, procurando cortar el discurso a la que faltare en este punto. Nunca podrán apreciar suficientemente la grave obligación que hay de no descubrir los secretos y deficiencias de la Congregación a personas extrañas.

444. La que, por faltar a estos o cualesquiera otros medios necesarios para conservar la caridad y unión de las Hermanas entre sí, ocasione algún disgusto a otra deberá sin demora pedirle perdón y la ofendida perdonarla en lo íntimo de su alma, dándose ambas el abrazo de la más sincera reconciliación.

Modo de proceder en las lesiones más graves de la vida de Comuni­dad

445. Cuando las Hermanas vencidas en la tentación deben ser consideradas, según la advertencia de N. P. San Agustín, como personas heridas que hay que curar, las infracciones cometidas por ellas contra el Derecho común han de ser tratadas en conformidad con dicho Derecho, no con la severidad del juez, sino con la misericordia del médico.

446. Las infracciones públicas de la Regla y Constituciones han de ser corregidas según el prudente juicio de las Superioras, para que la disciplina no decaiga poco a poco en la Congregación.

447. Para cortar de raíz los abusos que acaso se introduzcan y obtener más fácilmente la observancia, además de lo prescrito en la Regla de Nuestro Padre San Agustín, deberán las Superioras avisar a las Hermanas que cometen faltas de trascendencia del modo siguiente: por primera vez a solas con la que haya delinquido; por la segunda falta de la misma especia darán parte por escrito al Consejo General, el que hará a la culpable el apercibimiento que considere conveniente, y en caso de reincidencia procederá al correctivo a que se haya hecho acreedora, aunque sea el de expulsión del Instituto.

448. Salvo lo dicho en el número 450, la Congregación por acuerdo del Consejo General, puede despedir a la profesa siempre que medie causa grave con incorregibilidad, precediendo las amonestaciones, ejercicios espirituales y demás remedios, que la caridad y la prudencia aconsejan y que deberá prescribir así en la calidad como en la duración, la Madre General.

449. A la Hermana que se haya de remover o suspender de oficio, si ella lo prefiere, se le dé la posibilidad de renunciar.

450. Para decidir la privación del oficio de las Superioras y oficialas, o para privar de su voz activa o pasiva a alguna Hermana, se presentarán las razones por escrito, de modo que se prueben aptamente las causas de la privación y se conceda siempre el derecho de defensa, pues es contra todo derecho condenar a alguno sin haberlo oído.

451. Si fuera necesario despedir de la Congregación a alguna Hermana, se le dé oportunidad para que ella, obtenida la debida dispensa, pueda irse voluntariamente. Si no quisiera irse, entonces por bien de la Hermana y por bien e la Congregación se preceda a la expulsión, en conformidad con lo prescrito por el Derecho común y por el número 447 de las Constituciones.

452. Si una Hermana de votos perpetuos encontrase tales dificultades en el ejercicio de su vocación religiosa que, bien aconsejada le hiciesen dudar o formarse la conciencia de que no puede continuar, aconséjesele  que, antes de pedir la dispensa de sus votos, pida licencia, a tenor del número 118, o un período de exclaustración para probar su vocación. Durante este período le quedan suspendidos los derechos de voz activa y pasiva. Si acabado el tiempo de prueba se hubiere convencido de que tiene vocación, admítasela sin más a la vida ordinaria de la Congregación. De lo contrario, tramítese la dispensa de sus votos.

453. La Madre General con el consentimiento de su Consejo, puede conceder por causa grave el indulto de exclaustración a una profesa de votos perpetuos, pero no por más de un trienio.

454. Para separar una Hermana de la Congregación y para admitir a ella a un miembro de otro Instituto se ha de seguir el Derecho común. Quien sea admitida en nuestra Congregación no hará la profesión perpetua hasta haber pasado en ella tres años de prueba, uno de los cuales será a modo de Noviciado.

455. La Congregación ayude caritativamente a las Hermanas de que se habla en los números 450-451, para que puedan vivir en el mundo como buenas cristianas y puedan encontrar medios dignos para su sustentación.

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